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Bergman: “No vamos por la confrontación, sino por el cambio cultural”

En una muy ‘jugosa’ charla con la prensa, de la que participó Revista Futuro Sustentable, el ministro de Ambiente Sergio Bergman destacó la importancia de reemplazar el arraigado concepto de responsabilidad social empresaria por una noción de compromiso concreto con la sustentabilidad.

En un primer encuentro con periodistas especializados, el rabino Sergio Bergman, titular del flamante Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, dejó varios títulos vinculados con el presente y el futuro inmediato del cuidado ambiental en el país.

Según sus palabras, hoy el Ministerio de Ambiente tiene dos lados, como la luna: uno ‘verde’ y otro ‘negro’. Las atribuciones de control y fiscalización están dadas y reguladas, pero deben ser conducentes y eficientes. Y además deben ser interjurisdiccionales, ya que desde una estructura central y ejecutiva no podemos hacer cosas que luego las provincias soslayen. Necesitamos representaciones regionales, no se puede controlar la minería desde la Ciudad de Buenos Aires”, expresó.

En esa dirección, recordó que si bien se sancionó la Ley de Glaciares, no se autorizó el presupuesto de su inventario, que debe ser actualizado. “De todos modos, desde nuestro lugar lo primero que debemos hacer es un ordenamiento del tema”, sentenció.

 

¿Cómo debe proceder el Ministerio en torno a desastres como el derrame de cianuro en el complejo minero Veladero, en San Juan?, preguntamos

El derrame de cianuro está legislado, por lo que no hay nada que discutir al respecto. La que debe actuar es la Justicia, porque se trata de un delito federal. Ahora bien, desde la delincuencia callejera hasta este tipo de cuestiones, ¿está en condiciones la Justicia de actuar en tiempo y forma? Recién ahora se está elaborando para enero un protocolo en caso de cortes de calles. O sea que lo que falla no es la ley, sino el estado de operatividad de la Justicia.

Nosotros, a nivel ejecutivo, no miramos para otro lado, pero tenemos problemas de logística de infraestructura, de financiamiento y de operación, por lo que necesitamos de una mayor celeridad judicial. Pasa lo mismo que en la calle, ya que sin un juez que habilite una detención, un policía de calle no puede actuar solo.

Estos son los debates que tenemos que dar antes de que ocurran nuevos conflictos ambientales. Debemos trabajar en la definición de los umbrales de bien común. Y una vez que se fijan los criterios de bien común, ya no estamos ante una cuestión de buena voluntad o altruismo, sino ante una cuestión legal.

 

¿Qué ventajas ofrece a su cartera la posibilidad de ser Ministerio?

Lo más importante de nuestra potestad como Ministerio es que no dependemos de un jefe de Gabinete como una Secretaría para fines ad hoc. Tenemos rango de par. Nuestro trabajo es que nos atiendan y presten atención. Allí tendremos que rendir examen, eso lo tengo claro. No venimos a pintar de verde la agenda de los demás ministerios, sino a regular sus políticas con nuestros estándares.

No es un dato menor que nuestro presidente, Mauricio Macri, sea ingeniero. La doble matriz con la que armó el plan de trabajo y acción hace que nosotros tengamos a nuestra disposición al jefe de Gabinete, Marcos Peña, a quien no le reportamos como una unidad dependiente, sino que lo que nosotros marcamos en nuestras agendas forma parte de la suya.

Peña es prácticamente el partero de este Ministerio. Si hay alguien que viene cultivando este tema es él. Si a mí no me va bien, nos irá mal a todos. Y el primero que es mi referente para pedirle que avancemos es, justamente, el jefe de Gabinete.

 

¿Qué puede prometer que sucederá bajo su gestión?

Más que prometer, lo que hay que hacer es rendir cuentas de avance del trabajo. No tenemos garantías de éxito, pero sí un norte claro. No vamos a ser erráticos. No vamos a ‘hacer lo que se pueda’. Hay un plan estratégico del que iremos dando cuenta. No significa que el camino será llano o que no habrá desvíos (las cosas no serán nada fáciles), pero sí que no podemos perder el rumbo. Lo que haremos constituye un legado, tiene que ver con el país que le dejaremos a nuestros hijos.

Tengo el coraje y el valor de plantear una agenda de 10 puntos en cada ministerio y cumplir con la mayor parte de ellos. Desde ya, cuatro años no serán suficientes, ya que hay muchos objetivos a mediano y largo plazo (ante problemáticas como el cambio climático, por citar una), pero hay que empezar a trabajar cuanto antes. Por lo pronto, hay que dejar de estar alineados con Venezuela y Arabia Saudita, quemando carbón todos los días.

 

¿Hay alguna relación entre su designación como ministro de Ambiente y la preocupación por la temática ambiental de un líder religioso como el Papa Francisco?

Cuando se me pregunta, con razón, por mis conocimientos en esta área pienso que habría que preguntarle a Bergoglio qué estudió de ecología y economía para escribir la encíclica ‘Laudato Si’. Yo, que elaboré los ’10 Mandamientos de la Sustentabilidad’, contesto que soy un discípulo. Pero hay un dato de la realidad que está más allá de la precisión de ‘Laudato Si’. Creo que lo escribió con la inteligencia y el liderazgo ejemplar de ponerlo en discusión. Es un texto provocar para discutir, no para decirle ‘amén’.

Igualmente yo no asociaría linealmente la resonancia de la encíclica papal y mi llegada al Ministerio de Ambiente. Creo que se trata de una cuestión contextual. Nunca tuve, por cierto, una conversación con Macri sobre ‘Laudato Si’. Y me sorprendió para bien esta designación. Siempre tuve la firme convicción de que Mauricio llegaría a la Presidencia y mi disposición siempre fue muy amplia dentro del espacio. En términos futbolísticos, yo estaba ‘en el banco, precalentando’. No sabía dónde y cuándo iba a entrar, tampoco tenía exigencias, pero había una necesidad de que en este Ministerio ‘verde’ se le incorporara algo de ‘blanco’, más allá de un conocimiento científico se requería de una consciencia para transparentar y plantear rumbos claros.

 

¿Cómo persuadirá a la industria sobre la importancia de avanzar hacia una ‘economía verde’?

Hace 20 años, la economía vinculada con la producción y el desarrollo del país veía a la agenda verde como una amenaza. Hoy debe verla como una gran oportunidad, porque para avanzar en energías limpias y no contaminación se necesitan innovación y tecnología. Hay que hacerle entender a la industria que podemos ganar todos mediante un salto cuántico en inversión tecnológica y de innovación. La economía verde hace que las empresas sean más viables y más productivas. En ese sentido, un Estado presente no sólo debe controlar a las firmas, sino también ayudarlas a mejorar.

No vamos por la confrontación, sino por el cambio cultural. Hay que cambiar el concepto de responsabilidad social empresaria por un compromiso concreto con la sustentabilidad, que no es lo mismo. Con Monsanto ya vamos a hablar, pero también hay que hablar con los peones rurales, con los que fumigan, con las organizaciones del campo, con los sindicatos, etc. Por ejemplo, los actores principales del cambio cultural en el reciclaje, en la Ciudad de Buenos Aires, fueron los encargados de edificios, con los que se trabajó durante meses. Hay varias ventajas de oportunidades que hasta ahora no se aprovecharon.

 

Fuente: Futuro Sustentable