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Democracia como civilización

La migración conceptual de Democracia a Civilización es un primer paso indispensable para integrar espíritu y naturaleza en la construcción de una realidad social en la que los individuos sostengamos consensos que nos permitan afirmar el principio de que somos civilizados. La civilidad de lo humano no se declama ni se realiza en el orden jurídico, se sustenta en la práctica lo que somos con lo que hacemos. Somos civilizados si hacemos civilización, somos buenos si hacemos el bien, somos justos si hacemos justicia. Comprendido en este orden, lo jurídico es garantía e instrumento, mientras que la praxis es el fundamento.

La Constitución así entendida es institución de prácticas que compartimos, como el bien común, y que están garantizadas por la Ley que sostiene un orden jurídico en el Estado de derecho. Este Estado de derecho no es el orden natural de lo humano sino que es el orden espiritual, ya que incluso siendo tan sofisticados como somos, sin este orden es muy probable que despleguemos la naturaleza más animal y bestial, en detrimento de los atributos del espíritu que nos hacen definitivamente humanos. Aún cuando vivimos en las bendiciones del Estado de derecho, convivimos con las maldiciones de la degradación humana, con aquellas formas que las leyes condenan como comportamientos en los ciudadanos pero que, aun así, emergen como un síntoma de la enfermedad del espíritu de nuestra humanidad.

La ley no modifica la naturaleza sino que la encuadra en las normas determinando desde lo jurídico el bien y el mal, lo que se puede y no se puede, fijando un límite real y concreto para el libre albedrío, mientras que los valores y las virtudes del espíritu son los que forman, orientan, guían, hacen posible en lo concreto el espíritu de lo humano. Entonces, esta síntesis entre ley y espíritu a la que definimos como «espíritu de la ley» nos permite afirmar que la piedra angular de nuestra construcción social es el valor, los valores en general, en tanto que es este el que determina tal espíritu. La ley es fundante para el orden social, y lo es para la Nación expresada en su Constitución. Por lo tanto, debemos ofrecer una nueva mirada sobre la ley que nos gobierna como orden y que es gobierno como Estado. Esta nueva mirada traspasa el velo formal y jurídico de la ley para revelar los valores que esta sostiene que hacen posible con-vivir la nación como utopía, que aun sin estar realizada orienta nuestra labor política, económica, social educativa, espiritual, en definitiva, nuestra vocación cívica.

En este estadio se hace indispensable la pedagogía del sistema de valores en el que vivimos —o más bien en el que aspiramos a vivir— que está exclusivamente garantizado en el gobierno de la ley a la que debe subordinarse el gobierno de los hombres. El ciudadano encarna la ley de la nación, como el cuerpo encarna el espíritu en el ser humano. No se es ciudadano sino en la ley, como no somos humanos sino en el espíritu. Ley y valores se funden en una unidad indivisible, común, que es lo que le da unidad de sentido a nuestra realidad existencial. Como sociedad que vive en democracia, es indispensable la pedagogía de los valores en los que sostenemos la ley, para que el salto conceptual, existencial y cualitativo de democracia, es decir el gobierno del pueblo, sea conscientemente transferido a la Constitución Nacional como expresión concretada de nuestra civilización. El pueblo gobierna a través de sus representantes según la forma que establece la Constitución, que en nuestro caso argentino es democrática. Esta ley, que es nuestra carta magna como ley superior, se sirve de una ley inferior que como aparato jurídico implementa en el ámbito de lo real el espíritu de esta ley. En la democracia argentina afirmamos, con la Constitución, una forma de gobierno representativa. Con esta afirmación no sólo decimos que «el pueblo no gobierna ni delibera sino por medio de sus representantes» sino que, como aquí hemos presentado, sostenemos que el primer paso pedagógico para la formación ética ciudadana es entender que el gobierno del pueblo en primer lugar le transfiere el mandato de gobierno a la ley, que está encarnada en la Constitución Nacional, y es ésta, la Constitución, la ley que nos gobierna, la que establece los mecanismos de elección, representación, gestión y administración de gobierno que tomarán los hombres para servir a la ley de la nación. Esto, en definitiva, es servir al pueblo que la ha instituido como orden superior. Nada ni nadie por encima de la ley, es la garantía de que el poder es de la ley y no de los hombres.

Fragmento de «Manifiesto Cívico. Virtudes ciudadanas».

5 Responses to “Democracia como civilización”

By Monica Gonzalez - 10 junio 2013 Responder

Como siempre tus reflexiones ejemplares, ojalá nuestra Sra. Presidenta leyera alguna quizá cambiaría su soberbia y su desconocimiento con lo que respeta a valores, que día a día los estamos perdiendo. Gracias por tenerme en cuenta.

By Elba Noemi Miguel - 9 junio 2013 Responder

«No se es ciudadano sino en la Ley » » Es indispensable la pedadogia de los valores en los que sostenemos la Ley».. «Esta Ley que es nuestra Carta Magna como Ley superior, se sirve de una Ley inferior..
Conceptos fundamentales, básicos para un gobierno democrático y la República. Entonces pregunto que nos pasó en estos diez años como sociedad y como dirigencia que dejamos que esto siguiera avanzando.Como dijo Illia «- Quien pagará todo esto ?» Cuanto va a llevar reconstituir el tejido social y la determinación economica en nuestra economia luego de dos décadas desaprovechadas en lo nacional y aprovechadas muy bien en determinados circulos personales y empresarios ? Faltó esto que Ud. hace hecho por todos, educación cívica persistente, como un taladro, relacionar la evasión a la Ley , la corrupción con el atraso y las muertes, como lo hemos vivido . Faltó una clase politica que se plantara sobre los derechos de la ciudadania, de la Nación y no sobre conveniencias personales o sectoriales que responden solo a una pasajera coyuntura , pero cuya consecuencias pagamos y pagarán las generaciones futuras. No es este el país que yo soñé para mis hijos ni nietos. Siento que estamos viviendo una subversión tan grande de valores éticos, morales, educativos, civicos, que remontar este vacio espiritual que produce demandará una fuerte, muy fuerte y prolongada tarea. Gracias Rabino.

By Estele Silvia Benin - 9 junio 2013 Responder

Profundo y para meditar. La síntesis final: EL PODER ES DE LA LEY Y NO De LOS HOMBRES ayuda a tener presente el concepto. Muchas gracias Tely

By maria - 9 junio 2013 Responder

Convendría destacar que la forma de gobierno instaurada por nuestra CONSTITUCIÓN NACIONAL es REPUBLICANA y FEDERAL.

No basta con defender la democracia.

Llegó la hora de sostener la REPÚBLICA y y la necesaria independencia de los tres poderes que la integran, como sustento irrenunciable de la democracia, que está siendo bastardeada y reducida a elecciones periódicas que justifican la suma del poder público en el poder ejecutivo, cosa prohibida en la CONSTITUCIÓN. Nuestra historia ya ha demostrado suficientemente que el otorgamiento de la suma del poder público en el hiperpresidencialismo deriva inevitablemente en políticas totalitarias, y ya sabemos cómo puede terminar eso.

By Luis Mena - 9 junio 2013 Responder

El sistema representativo no sirve:
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