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EL DILUVIO QUE VINO – LA RED JUDAICA COMO UN ARCA

Este año 5780 que termina, todos hemos sido impactados por el COVID-19. Nadie ni nada quedará exento de su golpe que será inolvidable.

Cada uno habrá transitado años “para el olvido” en su vida personal, familiar, comunitaria o nacional, pero nunca fuimos contemporáneos ni protagonistas de un evento global simultáneo que impactara a la humanidad toda, en la casa común compartida que es nuestro Planeta, de una forma tan masiva, sincrónica, instantánea, donde todos como uno, informados online, seguimos la evolución de una pandemia que aún no termina.

Este acontecimiento único modificó muchos paradigmas. Nadie puede predecir si estamos o no ante una nueva era. Nuestro calendario está marcado por hitos que hacen el cambio de estaciones, eras, tiempos y espacios que la humanidad ha significado desde sus diversas culturas, tradiciones e interpretaciones.
Vivimos, mayoritariamente, signados por el tiempo medido, administrado y regulado por la cultura occidental y cristiana. Así contamos los años, antes y después de la Era Común; llamamos a los años registrados, antes y después del nacimiento del Jesús histórico.

En la tradición judía, el número que hoy inauguramos como año nuevo 5781 es asignado al simbólico aniversario de la creación del mundo y de la humanidad. Remite a Génesis, Bereshit en el comienzo de la creación. Relato inicial y original de la humanidad y del vínculo entre lo creado y el Creador.

Un cuento, una mitología, una memoria de una historia que nos contamos para reflexionar, no sobre su verdad científica como acontecimiento sino como análisis profundo de lo que nos acontece a cada uno y a todos juntos como sentido de humanidad, en lo humano que somos y de lo humanos que deberíamos ser también de a uno y cuando estamos juntos. En casa, en la familia, en comunidad, en la sociedad, en nuestras naciones, en el Planeta.

Que este año que se inicia contemos de nuevo. Que NOS contemos de nuevo, nos tengamos en cuenta y nos demos cuenta.
Quizás vendrá una nueva humanidad, como aquella que surgió en la creación con Adan y Eva que hoy suma simbólicos 5781, o bien en la nueva cuenta de Noe y la construcción de su arca, encomendada para resurgir luego de la destrucción del diluvio.

El diluvio que viene no siempre es una inundación por agua. Hoy estamos inundados por el virus. Corona se llama. Su morfología microscópica le dio nombre y etimología. Sin embargo, en una lectura no solo literal o bíblica, sino mística, es la corona de la creación. Keter. Una de las sefirot más elevadas, según la tradición de la kabala.

Estamos ante un nuevo comienzo en el ciclo, siempre vigente, de nacimiento y muerte, luz y oscuridad, construcción y destrucción. Las aguas del diluvio del Corona se llevan al mundo que conocíamos, y aparece en estos días, ante un cielo coronado sin corona

por un arco iris esperanzador, un nuevo pacto con una nueva humanidad que aún debemos ser.

Es Judaica un arca de comunidad en red, donde nadie tiene la verdad ni impone su razón, sino que razona para coexistir en ese pequeño espacio que construimos con esfuerzo, pero para que todos tengamos un lugar, que no quede nadie afuera cuando el diluvio venga. En ese espiritu de diversidad en la unidad, es que los distintos templos de esta Red, ofrecerán servicios diversos, para que nadie se quede sin la posibilidad de compartir, a la distancia pero en común – unidad, una celebración especial en un inicio de año tan particular.

Judaica ha construido una red pujante que nos sostiene a la hora de la prueba y que nos permite juntos, unidos pero diversos, afrontar las tormentas de un mar de crisis, el diluvio de esta pandemia, seguros de que llegará el día en que el sol vuelva a brillar y podremos enviar nuestra paloma de la paz para que traiga en su pico el ramo de olivo que la proclama y que nos compromete a alcanzar la obra de nuestras propias manos. Las mismas que hoy bendecimos en cada uno de quienes construyeron con amor, coraje, dedicación y sus propios ejemplos las acciones desplegadas en proyectos, programas, instituciones que se hicieron nodos, que son cada uno de los nudos de una red resiliente, fuerte y perdurable con la que sabremos celebrar la vida cuando salgamos del arca a una nueva era. Un mundo que recreamos en 5781, año al que llegamos sin saber qué viene, pero seguros de que ya no será lo que conocimos.

Nos sea permitido renovar el año para bien en construcción compartida de Judaica en Red, y que como nos enseña nuestra tradición, al ver este nuevo arco iris podamos juntos bendecir Baruj At Adn-ai Melej haolam Zojer et habrit, Bendito seas Adnai fundamento del universo que recuerdas el pacto. Es este el pacto, ser partícipes creativos, libres y responsables de una nueva creación que se renueva en vida luego del diluvio de la pandemia. Que el año se renueve para bien, para todos y cada uno, y coronemos sin corona este nuevo comienzo en salud, amor, paz y bendición.

Leshaná tová tikatevu ve tejatevu.

Rabino Sergio Bergman