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El valor de las diferencias

La inteligencia espiritual es la madre de todas las inteligencias. En el plano social, la ética de la divergencia muestra su faz competitiva cuando los líderes se deciden a armar equipos basados en el mérito y no en el amiguismo. Un equipo funciona mejor en la diversidad de aptitudes y no en la homogeneidad. Esto implica convocar a creadores que generen las ideas, analíticos que elijan a los mejores, ejecutivos que las realicen, y socializadores que hagan el marketing de lo que el grupo produce.

La diversidad organizada produce sinergia positiva y un todo superior a la suma de las partes. Hay que promover «el buen trabajo»: que esté bien hecho y que haga el bien.

Existe una interacción en el período formativo entre la persona, la gente, las instituciones y la acción. La ruta hacia el buen trabajo depende de los valores personales, de modelos de identificación, del medio en el que se trabaja, de la experiencia y de la inyección de las diferencias que surgen al compartir ideas con los demás.