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La bendición de la luz

En estos días, celebramos el milagro de la vida que se renueva y la bendición de la luz con la cual iluminamos nuestra existencia.

En la festividad de Januca recordamos el milagro, la lucha y la gesta de los macabeos, que siendo pocos frente a muchos, hicieron prevalecer los ideales y la trascendencia del pueblo de Israel al reinaugurar y consagrar la casa de Di-s, el templo de Jerusalem, para que nosotros cada año volvamos a consagrar nuestras casas, nuestra ciudad, nuestro país, en la dimensión de la luz.

Son días de celebración para todos, al salir a la calle y transformar los lugares profanos en sagrados con nuestra participación, con nuestro entusiasmo, con nuestra luz, con nuestra alegría y con nuestra bendición, que no solamente es judía sino también es universal.

Ambas festividades, Januca y Navidad, celebran la luz y su bendición, para el pueblo judío es la luz de la consagración, la manera que tenemos de responder a la oscuridad, que  no es lamentarnos ni quejarnos, sino prender luces. Al mismo tiempo, la luz que nuestros hermanos cristianos van a celebrar el próximo miércoles a la noche, cuando se dio a luz la esperanza de Jesús, uno de nuestros Rabinos mas revolucionarios, que luego se transformó en el pilar de una nueva religión, del cristianismo, y donde en nuestras diferencias, volvemos a apelar al mismo mandato universal: hacer lo mesiánico entre todos nosotros y traer aquí a la Tierra, el Reino de los Cielos.

Que esa luz pueda ser luz para la humanidad, bendición que será posible, cuando todos, como hermanos, restablezcamos la familia humana y tengamos la bendición de la luz, del pan y del trabajo.

Que en esa paz, todos podamos volver a celebrar un mundo iluminado.