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La espiritualidad cívica argentina y el voto

No fue sino con grandes sacrificios y a costa de sangre derramada –tanto con valor en las gestas patrias, como con horror en los capítulos fratricidas más repudiables de nuestra historia, que nos costó tantos desencuentros y frustraciones– que se pudo reconocer la democracia en la Argentina como la expresión más plena de nuestro respeto por la Nación. Fue y será un logro que los ciudadanos debemos no solo agradecer y bendecir, sino cuidar y preservar. Hay, entonces, en este primer pacto, juramento, voto que establece que la Ley pactada como sagrada en nuestra Carta Magna, que establece la bendición cívica de democracia y de república, sea sellada con el voto sagrado ciudadano.

Reconocido nuestro derecho a votar como práctica espiritual de nuestra ciudadanía, se hace necesaria una primera reflexión sobre el grado de conciencia con el cual lo ejercemos. Aquí el eje de la cuestión ya no está en la probidad e idoneidad de los representantes que se postulan para ser electos, sino más bien en la conciencia de quienes tienen que elegirlos. Para un ciudadano comprometido con el voto, hay una pregunta previa a una elección que es la de la propia convicción. ¿Cómo elaboramos, en la propia conciencia, nuestros votos? ¿En qué ámbito y con qué interlocutores se despliega la conversación mediante la cual lo decidimos? Más allá de la charla con amigos, con parientes, con colegas de trabajo o de estudio, hay una serie de factores que intervienen en forma decisiva en esa elaboración, tales como nuestra simpatía o militancia política, nuestra postura al evaluar las prioridades de las medidas que se deben tomar y que puedan afectar nuestra vida. Otra de las claves que definen nuestro pensamiento en el momento de resolver a quién damos el voto es la forma en que separamos lo público de lo privado, qué me gustaría para mí mismo y qué puede gustar a los otros  y que no, necesariamente, coincide con mis deseos más íntimos. Y finalmente, si soy capaz de resignar algunos intereses personales en beneficios de intereses generales.

Nada sucede, en relación a lo que no se cumple en la sociedad argentina, que no encuentre su origen en esta falta ciudadana de no sostener el voto como si fuese –como en verdad lo es– la propia palabra empeñada, transformada en Ley. No es culpa de nuestros representantes –honestos o corruptos– ni tampoco del débil sistema de partidos políticos, ni menos aún de razones exógenas, elucubradas vaya a saber en qué siniestros lugares del mundo, el hecho de que nuestra cultura política no sea otra que la proyección de un fenómeno que, lamentablemente, inaugura un camino sin llegada: los argentinos no sostenemos nuestros votos.

La crisis de valores, en cuanto espiritualidad cívica, puede centrarse en este quiebre casi inmediato de no sostener la palabra en la acción. (…).

El voto del individuo es la célula madre, el embrión del que puede nacer una Argentina diferente, más justa, más previsible y más apegada al espíritu de las leyes. El futuro de todos se inaugura en la conciencia de cada uno. (…).

A la pregunta de por qué o por quién se vota en la Argentina, las respuestas inmediatamente nos remiten a las elecciones y a los candidatos que participan en ellas. Pero una cultura cívica más profunda debiera mostrarse más interesada en desentrañar los diferentes valores que están en juego. Las elecciones, en última instancia, no son para optar entre distintos candidatos sino entre distintas opciones. De acuerdo con la perspectiva espiritual que proponemos, centrada en el individuo que no solo piensa en sí mismo sino en todos, las elecciones constituyen una inmejorable ocasión para entender, en la práctica, el principio enunciado de que no se trata de elegir entre candidatos sino actitudes. Propuestas en valores, virtudes en acciones.

La piedra angular de la espiritualidad cívica es, justamente, ser firmes y sabios en nuestra elección de valores a la hora de actuar. Ese voto de conciencia nos enseña que somos nosotros mismos, los candidatos que pueden llevar a cabo la transformación que siempre esperamos hagan otros.

Fragmento del libro Argentina Ciudadana. Con textos bíblicos.

5 Responses to “La espiritualidad cívica argentina y el voto”

By Inés Mercedes LIESTE MORENO - 7 noviembre 2012 Responder

EXCELENTE COMO DE COSTUMBRE LAS REFLEXIONES, PERO…EN ARGENTINA PARA SALIR DEL ATOLLADERO DE ESTO QUE NO ES DEMOCRACIA NI REPÚBLICA: ES NECESARIO QUE LA OPOSICION SE UNA, QUE DEJEN LOS YOÍSMOS Ó EGOÍSMOS Y LOS CANDIDATOS ASPIREN A UNA REPÚBLICA !!!!:CON DIVISION DE PODERES, CON FEDERALISMO, CON RESPETO A LA CONSTITUCIÓN…

By Mirta Sattler - 5 noviembre 2012 Responder

«El 1% quiere esto torcer, el 9% tiene el poder, de lo que queda el 50 solo come y el resto se muere sin saber por qué…» decía una canción editada en 1992.
«mi país es el país de Cristo, damos todo sin recibir, es mi país un país esponja se chupa todo lo que pasó…» seguía diciendo la canción.
Pasaron 20 años, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia… mientras se siga votando con el razonamiento del bolsillo y nuestros candidatos electos sigan haciendo lo contrario de lo que prometieron.

By Nélida Pereyra - 4 noviembre 2012 Responder

Leyendo su publicación MARAVILLOSA…me pregunto ¿qué estamos haciendo en las escuelas para formar ciudadanos responsables que tengan conocimiento de obligaciones y derechos?, ya se hace política abierta de K ¿quién instruye a esos niños de 16 años para que sepan votar?
Mi repuesta fué respondida (estamos haciendo campaña)para qué. es la escuela LA RESPONSABLE DE ESTA FORMACIÓN, Ya que la ley salió sin debate…qué pasa en nuestro país cuando traen en colectivos de Paraguay para votar a cambio de qué…
AQVERIGUAR Y OBRAR….

By Nélida Pereyra - 4 noviembre 2012 Responder

Estoy indignada! Un trabajo perfecto para la instalación de la parada de colectivo 37 sobre la vereda de Callao y Juncal, fué tapado y anulado completamente con baldosas.
¿Que poderoso se negó a su instalaciópn despues de haber gastado el presupuesto de nuestro bolsillo en construirlo?
Es una verguenza !!!!!

By Graciela - 4 noviembre 2012 Responder

Todos votan por algo y ese algo es para el que regala más, si fuera por espiritualidad cívica, Sergio ,le aseguro que usted sería nuestro presidente , pero como cambiar las cosas?como educar primero y permitir elegir luego?. Hoy me siento muy decepcionada, no hay «instrumento» que eduque y deje de maniplar a la gente .Siga con su prédica, me gustaría verlo en la tv en tiene la palabra .Un abrazo