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La Navidad

El natalicio de Jesús, es una celebración que trae la luz, la luz de su advenimiento y de su nacimiento, de la encarnación del mismo D-s en un Hijo, que, a través de su manifestación entre nosotros, anunció un Reino; siendo el Hijo, uniendo al Padre y manifestando la dimensión trascendente del Espíritu Santo.

Esa dimensión del cordero de D-s que fue sacrificado, para redimir los pecados de la humanidad, es un testimonio vivo de lo que está pendiente, para que no sigamos los sacrificios, sino que volvamos a la luz del natalicio, que es volver a nacer, buenos y nuevos, en el amor y en el pacto con D-s.

La tradición judía toma a Jesús, maestro, rabino, hombre, como el que propone una revolución conceptual rabínica de cambiar la rigurosidad de la ley formal, por el amor caritativo y solidario entre los hombres, en el énfasis de no venir a abolir la ley, sino llenarla de espíritu. Es el concepto revolucionario judío y rabínico de Jesús.

Cuando Jesús va a ser proclamado Mesías, y por lo tanto Cristo, y va a ser propuesto como parte del dogma cristiano de la Santísima Trinidad, ahí el judaísmo y el cristianismo deben dividirse.

Cuando digo deben dividirse, no es una pelea, una confrontación, es la riqueza de la diferencia de dos ramas, del mismo tronco, del mismo árbol de vida, que tiene las mismas raíces y que propone los mismos frutos.

Celebramos esta diversidad.