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La Pascua y la salida de Egipto

La festividad de la Pascua es la celebración de la libertad. El libro de Éxodo tiene dos pilares fundamentales: uno es la celebración de la familia; y el otro, la constitución del pueblo en Nación.

La piedra angular en la celebración de la familia reside no solo en festejar, sino en destacar el sentido que adquiere. Cada familia es convocada por sus ancianos; fiel a la tradición oriental, el pueblo judío los instala en el centro de la sabiduría de la vida y considera que son los transmisores de las tradiciones que –más allá de las pequeñas y necesarias tradiciones que cada generación practica en ellas al transmitir las pautas culturales– mantienen sagrado el texto y su vigencia, cuando preservan y recrean el sentido que tiene la existencia.

Pesaj es la fiesta de la libertad y se inicia como pacto de celebración familiar. Memoria no solo del momento en que nuestros antepasados salieron de Egipto, sino que, en ese acto, cada generación y cada uno de nosotros es liberado una y otra vez del Egipto en el que vive, al que se somete o es sometido. Esa noche, cada familiar toma un simbólico cordero para ser sacrificado; remembranza de aquel otro que Abraham había ofrecido en reemplazo de su hijo Isaac. El ángel de la muerte y de la destrucción que sacrificó a los primogénitos egipcios en tiempos de Moisés, saltea (en hebreo pasaj, y de ahí el nombre de la celebración, Pesaj) las casas de los hebreos que están marcadas con la sangre del cordero que, ofrendado a D-s, será consumido –tribal y totémicamente– por cada familia en esa noche previa a la liberación. Dos acciones ocurren simultáneamente: sacrificar el cordero y consumirlo, y marcar los dinteles de las casas como señal. De aquí el precepto hasta nuestros días para el pueblo judío, de fijar, en los dinteles de nuestras casas, mezuzot: texto que aquí proclama la unicidad de D-s. La casa identificada es hogar y habitación no solo del ser, sino también del espíritu. Una protección que no es superstición ni acción mágica, sino más bien una forma de otorgar valores al hogar, cuidar de la casa y sus habitantes.

Una segunda dimensión del Pesaj la constituye la familiar, reunida en torno a la mesa, que comparte el cordero y adquiere sentido en esta ofrenda, que es memoria de cada generación, de una redención que, aun sin ser completa, puede ser posible.

La noche del seder –cena ritual de Pesaj– fue la Última Cena para Jesús y sus discípulos. El pan ázimo, Matzot, será partido y compartido sobre el vino del cáliz, tiempo sagrado de la liberación que será santificado en el
kidush. Este mismo pan y este mismo vino de Pesaj serán los que Jesús ofrece como pacto en la Eucaristía, siendo él mismo quien ocupa el lugar del sacrificio. Tomando esta misma figura de Pesaj, la tradición cristiana establece que, Jesús como hijo de D-s, debe ser sacrificado para redimir los pecados de la humanidad y, como tal, en ese sacrificio del hijo hacer posible que el Padre y el Espíritu se hagan uno, en la familia humana.

Jesús es cordero de D-s y en su sacrificio, su sangre, que se transforma en cruz, es señal de identidad y marca por generaciones. Así como las mezuzot –el texto en el dintel de las casa judías– son el símbolo que anuncia el pacto del pueblo judío con D-s; en el mismo sentido, la cruz es símbolo del pacto cristiano entre el hijo del hombre con el Hijo de D-s.

Su sacrificio es anticipo de que un mundo mejor será posible cuando –resucitado– anuncie el reino de D-s en la tierra, la misma expresión de lo mesiánico que, en la noche del recuerdo de la liberación de Egipto, el pueblo judío continúa esperando. Lo mesiánico es la celebración de la Pascua, expresada en la singularidad de las tradiciones respectivas, Pesaj o Semana Santa. Ya sea que el Mesías regrese o venga por vez primera, judíos y cristianos afirmamos que lo mesiánico se realiza en la obra de nuestras manos. Para esta redención es necesaria una clara identidad; en la riqueza de nuestras diferencias, que deben ser afirmadas como tales sin confundir diálogo y encuentro en lo común, con sincretismo y dilución de las propias singularidades, conocer y reconocer los símbolos del otro, mantiene la distancia de lo diverso, pero une y reúne en la unidad que acerca lo disperso.

Ser diferentes no impide estar unidos cuando –estar unidos– no es lo mismo, sino reconocidos en la unidad de lo común y en la diversidad de la propia identidad.

Así marcar la casa con mezuzot, o llevar el símbolo de la cruz, son mandatos de encarnar la propia tradición y hacer de la esperanza un proyecto común, en lugar de una ilusión.

(…) Para ser ciudadanos que crecen en espiritualidad cívica es imprescindible que celebremos una Pascua, muy especial, que nos defina. Salir de Egipto y redimir nuestros errores como experiencia de lo mesiánico es –hoy– una pascua de ciudadanos. Los mismos símbolos milenarios de la tradición judeocristiana, que, afirmados por el Islam y compartidos, en sus propias representaciones por los pueblos originarios como enriquecidos por las tradiciones orientales, entre otras cosas, se hacen necesarios para consolidar nuestra identidad, que se inicia con la construcción de una comunidad. Sentados a una misma mesa, los ciudadanos, somos llamados a reconocernos como familia, a compartir el pan, a beber del mismo vino y a asumir nuestra libertad responsablemente: a responder por nosotros mismos cuando se nos interpela acerca de cómo cuidamos, cómo ejercemos, cómo multiplicamos la libertad y el pan y acerca de cómo partimos y compartimos esta bendición con los que aún están oprimidos por la exclusión, el hambre, la falta de salud y de educación.

¡Felices pascuas y Jag haPesaj Sameaj!
En agradecimiento y bendición.
Rab. Sergio Bergman

Fragmento del libro
Argentina Ciudadana, con textos bíblicos

12 Responses to “La Pascua y la salida de Egipto”

By norma - 7 abril 2012 Responder

Gracias Sergio, tus reflexiones llenan de Luz el camino de quienes te leemos y escuchamos.
Felices Pascuas y Jag haPesaj Sameaj!

By adriana sucurado - 6 abril 2012 Responder

Muchas gracias por tu extraordinario respeto hacia TODOS tus hermanos!!!!! siempre leo tus reflexiones y en esta ocasión me pareció excelente tu comparación entre una pascua y la otra.
Y el paralelo con la concientización de ser ciudadanos responsales.
Como ya he expresado en otra oportunidad soy cristiana practicante sin embargo espero con alegría tus reflexiones

By Marta Estela - 6 abril 2012 Responder

Gracias Sergio
Jag haPesaj Sameaj y Felices Pascuas de Resurrección!
Gracias por tu comentarios que leo siempre.

By Mirta Sattler - 6 abril 2012 Responder

Jag haPesaj Sameaj y Felices Pascuas de Resurrección!

By Rodrigo Tabernero - 6 abril 2012 Responder

Estimadísimo Rabino, como cristiano estoy orgulloso de poder compartir una historia en común con el Pueblo Judío; compartiendo los mismos valores y la misma esperanza. Siempre me llena de orgullo y alegría tener la oportunidad de leer sus reflexiones. Con todo el corazón le deseo Pesaj Sameaj y muy Felices Pascuas, que lo bendiga el mismo D-s que nos une.

By Laura - 6 abril 2012 Responder

JAG SAMEAJ!
FELICES PASCUAS!

By Mario Mauricio Mune - 6 abril 2012 Responder

Solo puedo agregar;gracias por tu amistad que me enriquece.-Saludos Mario

By Silvia TorresCarbonell - 6 abril 2012 Responder

Qué clara y esperanzadora es tu reflexión. Siempre recuerdo tus palabras en la Asamblea del IAE cuando dijiste que los critianos esperamos la segunda venida del Redentor y los judíos la primera venida pero nos unimos en la misma esperanza y los mismos valores.
Felicidades!

By Roxana Palermo - 6 abril 2012 Responder

Excelente es poco!!!

By Edi - 6 abril 2012 Responder

Hola Sergio a veces cuando pienso en la salida de Egipto o sea la liberación de la esclavitud – se me ocurre clamar con humildad por la liberación de la esclavitud actual que entrampa a esta generación sumiéndola en la indolencia .Sólo un Amor Espiritual abnegado puede ayudarnos a salir de la esclavitud – conocer la Verdad nos hace libres –

By Mirta Biondi - 6 abril 2012 Responder

Gracias por esta reflexión que me ha conmovido.
En estos difíciles tiempos que vivimos más que nunca siento la necesidad de repetir una plegaria que abarca a todos los argentinos:»Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos….precisamos tu alivio y fortaleza…..queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.Danos la valentía de ser hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie…»Hermanados en Dios, Feliz Pésaj y Felices Pascuas. Dios bendiga a todos.

By Juan A. Pittaluga - 5 abril 2012 Responder

Excelente como siempre, tus reflexiones Sergio, sos tan claro e ilustrativo en tus relatos, en tus explicaciones, sos realmente admirable y mu querible!!,.
jag La Pesaj Sameaj.-