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Nuestra humanidad perdida

Creo que la verdadera crisis de nuestra civilización actual tiene que ver con los valores y que la única solución radica en recuperar nuestra humanidad perdida. Creo firmemente que espiritualidad y humanidad son caras de una misma moneda.

Lo humano es espiritual. Y lo espiritual se desarrolla en lo humano. En este plano, me parece, son términos intercambiables. Hacernos humanos es hacernos espirituales. Dejemos aflorar nuestra humanidad para hacernos más espirituales. O visto, de otro modo, despleguemos nuestra espiritualidad para hacernos más humanos.

Bajo esta lógica, me parece que el desafío más pleno es que al vincularnos con los otros veamos allí no una entidad sociocultural y jurídica, sino a personas con dignidad, espiritualidades plenas, desplegadas y desarrolladas. Y eso requiere que abramos los ojos, que veamos lo que esos prójimos son: una revelación, un acto de trascendencia, una encarnación del misterio.