Noticias

HomeReflexionesUna práctica ciudadana espiritual

Una práctica ciudadana espiritual

Con esta base de los derechos humanos, las religiones se comprometen desde el lugar que les permite el ser religiones. Es decir, instituciones que, a partir de sus tradiciones consagradas, forman a los individuos en los valores de la dignidad de la persona, dado que lo sagrado de D-s se halla en cada uno.

En este aspecto, las religiones hacen una promesa, que tiene como umbral o punto de partida mínimo las garantías constitucionales, y como horizonte o desarrollo máximo, los medios posibles para desplegar el potencial de lo humano que hay en cada ser.

El compromiso religioso con los Derechos Humanos tiene una doble vía de promesa. Por un lado, sumándose a las instituciones republicanas, dar las garantías y establecer los mejores medios para educar, formar, respetar y hacer respetar en la conciencia cívica ciudadana, los valores humanos que las sociedades democráticas, pluralistas, equitativas y amorosas otorgan a todos y cada uno de sus miembros, sin distinción. Por una parte, se trata de trabajar, desde lo espiritual, el más pleno desarrollo de su potencial humano, como gracia y don de lo divino en cada uno de nosotros, como expresión de la promesa de vida que, sagrada, fue implantada en cada ser para desarrollar el plan mistérico de D-s, en el ser único, original e irrepetible, que somos todos y cada uno de sus hijos.

El compromiso religioso comprende, y al mismo tiempo trasciende, la dimensión cívica. Es compromiso espiritual, entendiendo que lo humano del ser no es un atributo sino un potencial a desarrollar. El derecho humano más elevado del compromiso religioso es desplegar en él lo divino, dar las condiciones necesarias para que el espíritu se manifieste, no solo en la subjetividad personal del creyente sino en el espacio del bien común, como una manifestación misma de D-s entre todos sus hijos.

El compromiso religioso no es dogmático ni quiere hacer nada en la fe a todos los ciudadanos –en este campo, cada confesión trabajará y servirá como legítima vocación a sus fieles—. Propone que todas las religiones, como fraterna familia, trabajen en diálogo y construcción compartida, con el fin de que hombres y mujeres de buena voluntad, desplieguen en su potencial los valores que contribuyen al bien común , a partir de sus propias creencias y tradiciones , en un entorno cultural de Nación que acepta y revaloriza, positivamente, la unidad en la diversidad de sus integrantes.

Estamos implicados, con diferentes responsabilidades, en el desafío aún pendiente: llegar a ser humanos, no como sujetos de derecho sino como identidad de nación, en tanto verbo, para llegar a ser lo humano que tenemos como potencial.

Lo religioso, en cuanto espiritualidad cívica, cambia el orden del componente único e indivisible de los derechos humanos. Comenzamos por lo humano para hacer el derecho y no solo por legislar en el derecho, garantía de lo humano. Deben ambos abordajes complementarse sinérgicamente y estas múltiples contribuciones enriquecer el grado de desarrollo en cuanto a calidad de vida en Derechos humanos que tenemos como nación.

Iniciar desde lo humano el abordaje nos iguala y compromete. Ver lo sagrado de la vida en cada individuo, nos pone frente a una dimensión de reverencia y gratitud por la revelación misma de D-s en el prójimo. Nos hacemos humanos con el otro y no hay expresión más plena de amor de D-s que amar a nuestro prójimo.

Este amor como imperativo de lo humano nos permite hacer derecho como jurisprudencia espiritual, otorgándole a la sociedad garantías de valores universales, a los que se aborda desde cada particular segmento de la sociedad que, sea religioso o no, aporta su singularidad a la riqueza y bendición de lo humano, en sus múltiples dimensiones y manifestaciones.

Fragmento del libro «Celebrar la diferencia. Unidad en la diversidad».

4 Responses to “Una práctica ciudadana espiritual”

By Julia - 13 junio 2012 Responder

Recuerdo la admonición de Baruch Spinoza :»Debemos aprender a amar a Dios sin esperar que él nos ame a cambio.» En ese camino,los Derechos Humanos debieran estar lejos de banderías políticas o adscripciones a partidos o consignas populistas.Su norte debiera ser la defensa de hombres y mujeres,ciudadanos,seres que se «religan» en su hermandad en la fe,la verdad y la plena justicia.

By stella maris contreras - 12 junio 2012 Responder

hola, habitualmente coincido en casi todo, pero hoy este párrafo no lo termino de interpretar:
«Este amor como imperativo de lo humano nos permite hacer derecho como jurisprudencia espiritual, otorgándole a la sociedad garantías de valores universales, a los que se aborda desde cada particular segmento de la sociedad que, sea religioso o no, aporta su singularidad a la riqueza y bendición de lo humano, en sus múltiples dimensiones y manifestaciones».

By inemercedes - 10 junio 2012 Responder

EXCELENTES REFLEXIONES QUE LLEGAN MUY OPORTUNAS POR EL MOMENTO DELICADO QUE VIVIMOS EN ARGENTINA, Y SIEMPRE RECUERDO QUE RELIGION VIENE DEL LATIN «RELIGARE» QUE ES LA LIGADURA CON LAS CREENCIAS Y SE RESALTA EL 1ER.MANDAMIENTO DE AMAR AL PRÓJIMO…!!!

By eva - 10 junio 2012 Responder

Hola!! Buen dia! yo desde muy pequeña escuchaba la frase «ley pareja no es rigurosa», de esta sabídura popular se pueden sacar muchas coincidencia y/o los porque en las conclusiones leídas.Creo que a los argentinos nos hace falta ponerlas en practica para lograr un orden social que no existe, no solo en el ámbito gubernamental, sino en los otros estamentos, donde nos debemos incluir.
Creo que la declamación de muchos valores con el standarte de los derechos humanos nos confunde y nonos deja transitar por correcto y responsable.
Gracias por permitirme este espacio.