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BERGMAN: » ‘Carta Abierta’ ahora es ‘Carta Cerrada’ «

El templo de la calle Libertad aporta sosiego para el bullicioso diciembre del centro de Buenos Aires. En este despacho abundan libros y, sobre una mesa de madera, una especialidad del anfitrión, mate con vodka. Sergio Bergman recibe a Viernes para hablar de otra mezcla: religión y política.

viernes: ¿Dónde observa zonas más turbias, en la política o en la religión?

Sergio Bergman: En los dos lados por igual cuando pierden su esencia. En la religión tiene que haber autonomía y soberanía personal. Vos recibís de una tradición valores, instituciones, prácticas y creencias, pero, en definitiva, terminás decidiendo cómo lo vivís. La religión es una institución que usa los atributos de autoridad y poder. Si hay un uso para servir a la misión, está bien. Pero si hay abuso para servirse, sonaste. Ésas son las cosas que critico tanto en la religión como en la política.

V.: ¿Encontró algo en la política que le completara cierta insatisfacción con la religión?

S.B.: Sinceramente creo que ambas se complementan. La política y el Estado como tal deben estar separados de la religión como institución. La religión y el Estado no se tienen que mezclar, pero, por otro lado, hay que conciliar la espiritualidad, como potencial de lo humano basado en valores, con la política.

V.: ¿Qué lo atrajo del PRO?

S.B.: Nosotros iniciamos un movimiento de los ciudadanos basado en los principios de Argentina Ciudadana pensando más en un mediano plazo. Entonces surgió la invitación de Mauricio Macri para sumarnos al PRO. Me sedujo su generosidad: me invitaba a participar sin pedirme que deje de ser quien soy. Comprendí que no era un momento para atomizar. Hubo un núcleo de mínimas coincidencias con el macrismo y decidí sumarme para aportarle a la gente, no a Mauricio.

V.: Los Gobiernos nacional y porteño en algunas cosas se parecen. Por ejemplo, se manejan igual en el manejo de la pauta publicitaria.

S.B.: No es lo mismo cuando los Gobiernos utilizan recursos para pautas que cuando un Gobierno toma los medios. El kirchnerismo tomó los medios. Ya no se habla de la pauta, sino de un canal, de un medio entero, totalmente tomado por un poder. No es lo mismo una pauta publicitaria de un spot de la Ciudad, que podemos discutir cuántas veces aparece en la radio o en la TV, que la bajada de línea permanente de propaganda del Estado. Para colmo, ni siquiera es spot de política de Estado, sino que ahora es agravio, descalificación al adversario, bajada de línea e instilación de veneno permanente. Al lado del Gobierno nacional, la pauta de la Ciudad es pura inocencia y ternura. A lo mejor, la cantidad de cada una es la misma, pero el contenido es radicalmente distinto.

V.: ¿Un Gobierno no tiene derecho a legislar para deconcentrar un grupo que domina el mercado periodístico?

S.B.: Clarín no debe sostenerse como un grupo con un nivel de poder desproporcionado que pueda condicionar ni la opinión ni la política argentina. Lo que ocurre es que al haberlo transformado en un enemigo, se da una de las prácticas de la demagogia populista. Una cosa es combatir un monopolio privado, que lo podés y tenés que acotar, y otra cosa es llevártelo puesto, con la Justicia y las instituciones incluidas. Pasamos de querer acotar a Clarín a hacer otro igual, incluso peor, porque es del Estado y con la plata de todos nosotros.

V.: ¿Ve un avance al estilo Chávez en los medios de comunicación?

S.B.: A pesar de que el kirchnerismo sigue al chavismo, Chávez me parece un tipo mucho más sensato. Él esperó a que venzan las licencias, todo un gentleman, un caballero. Y luego no se las renovó porque estaban en contra del régimen de la revolución socialista bolivariana. En cambio, en la Argentina no se respetó ningún tiempo. Es un error estratégico creer que van a lograr desguazar un medio y el país va a estar tranquilo y la gente va a decir amén.

V.: ¿Qué políticas sociales del Gobierno nacional valora?

S.B.: La Asignación Universal por Hijo me parece espectacular. Sin embargo, discrepo en que la plata se la saquen a los jubilados. En vez de otorgarles dinero a inescrupulosos como TBA, usa esa guita para la Asignación Universal. También concuerdo con el programa Conectar Igualdad. Pero ahí hay dos errores: es un decreto y también solventado con la previsión social.

V.: ¿Cómo se entiende que algunos opositores reivindican a Néstor en los últimos tiempos?

S.B.: Políticamente, el cristinismo mató a Néstor. No sólo hace lo contrario, sino que lo niega. Vos nunca escuches lo que digo, fijate lo que hago, decía Néstor. Cristina hace lo que dice y habla todo el tiempo de lo que hace. Por ejemplo, con la ley de medios y con las AFJP fue brillante lo de Néstor. En junio de 2009, el kirchnerismo perdió las elecciones de medio término y aprovechó antes de diciembre para sacar con fritas todas las leyes que se le antojaron entre junio y diciembre. Ambas leyes se votaron cuando los representantes votados no habían asumido. Una trampa demagógica de ese calibre solamente se le puede reconocer a un tipo brillante. Perverso, pero brillante al fin. Esa brillantez no está más en el Gobierno y se nota. El tipo sabía muy bien lo que hacía.

V.: ¿Cómo ve que evolucionará el kirchnerismo si no avanza la re-reelección de Cristina?

S.B.: El kirchnerismo empieza a resquebrajarse desde adentro. Fijate que Carta Abierta ahora se transformó en Carta Cerrada. Ahora no los escuchás más. Lo primero que va a ganarle al Frente para la Victoria es la interna. Con tantos años de acumular caja y poder, de afuera no los mueve nadie, pero adentro empieza a haber un quiebre. El progresismo era fácil de defender en la época de Néstor, porque heredó los logros de Duhalde y Lavagna, dos personajes que no voy a reivindicar, pero que el relato los borró. Creo que con una Presidencia alcanzaba. En la primera de Cristina, seguía manejando los hilos él y ella hacía muy bien lo que mejor sabe: hablar y hacer relaciones públicas. Al morirse Néstor, ingresaron en una situación más complicada. Es mayor el daño que Néstor nos hizo al morirse que cuando estaba a cargo.

V.: ¿Piensa que algunos conceptos de la Iglesia quedaron desfasados de la sociedad?

S.B.: La religión como institución tiene que preservar sus dogmas y creencias, pero al mismo tiempo la gente tiene que mantener su soberanía y autonomía, sin ser cautiva de las instituciones. De todos modos, los cambios sociológicos de una sociedad se definen en el Congreso, no en las iglesias. Si la religión no acompaña los cambios sociales, es un problema de la religión.

P.: ¿No cree que se perdió cierto laicismo en la comunidad judía?

S.B.: No. Es una parte minoritaria de la demografía. Para el 90% de la comunidad judía es más una cultura que una religión. Lo que vos ves como estereotipo es que hay una vuelta dentro del segmento religión a formas más tradicionales. La mayor parte de los judíos en la Argentina no está en las instituciones, sino en la sociedad. El laicismo y el radicalismo tienen que ver con el fundamentalismo, que no es patrimonio de la religión.

 

Nota publicada el 21/12/2013 en http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=668444 por Héctor Torres