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Volver al mundo en materia ambiental

Nuestro país ha decidido impulsar un proceso de firme integración al escenario mundial. Seremos protagonistas en la agenda global sumando nuestro esfuerzo a las iniciativas internacionales para enfrentar el cambio climático. Es un desafío enorme, ya que pertenecemos al reducido grupo de naciones “superavitarias” desde el punto de vista de su huella ecológica.

Nuestra demanda de recursos naturales y servicios ecosistémicos es menor que la capacidad disponible en nuestro territorio y nuestro mar. La Argentina tiene el privilegio no sólo de proveer recursos naturales, sino también de prestar servicios ambientales al resto del mundo. Una estrategia de desarrollo racional en el uso de nuestros recursos naturales contribuirá a mejorar la calidad de vida de los argentinos y a mitigar el cambio climático.

Tenemos una gran tarea por realizar en materia de política ambiental, que debemos convertir en política de Estado, más allá de las circunstancias de gobiernos de diverso signo. En la actualidad, formamos parte del grupo de países en desarrollo con mayores emisiones per cápita de gases de efecto invernadero. Sin embargo, a diferencia de otros países, poseemos condiciones muy favorables para revertir esta situación porque tenemos una población relativamente pequeña, condiciones favorables para el desarrollo forestal y una fuerte expansión de las energías renovables, que hoy sólo satisfacen el 1,8% de nuestra demanda eléctrica. La perspectiva de lograr la neutralidad de carbono en 2050 es un objetivo posible.

De todos modos, hay que revertir y corregir múltiples desequilibrios económicos y ambientales para trazar un sendero de progreso social. La irracionalidad ambiental golpea más a los grupos sociales con mayor vulnerabilidad. Por eso, acompañamos la decisión de la comunidad internacional de incluir siete objetivos ambientales entre los 17 objetivos para un desarrollo sostenible. Todos son prioritarios: acceso al agua potable y saneamiento de nuestra población; lograr una energía accesible y limpia; promover ciudades sustentables; buscar una producción y un consumo más responsables; actuar firmemente frente al cambio climático, y proteger nuestros ecosistemas acuáticos y terrestres.

No debemos caer en la tentación de la retórica y el facilismo. Este desafío requiere una política pública de largo aliento, basada en un riguroso análisis técnico, como base fundamental para la acción. La Argentina se ha posicionado en algunos frentes ambientales y queremos profundizar esta dirección fortaleciendo diferentes acciones, como la protección de nuestros glaciares al completar el inventario; promover nuevas áreas protegidas para preservar humedales; mejorar la aplicación de la ley de protección de bosques nativos; avanzar en el saneamiento de cuencas con altos niveles de contaminación, poniendo eje en la mejora de las condiciones de vida de la población radicada en esas zonas; relanzar el proyecto Pampa Azul para articular la investigación con la política pública para la protección de nuestros mares, su biodiversidad y sus servicios ecológicos, y reformular nuestra política para la gestión de residuos domiciliarios e industriales, buscando una mayor valorización y aprovechamiento energético.

En relación con el cambio climático, nuestro gobierno ratificó y profundizó el compromiso asumido en la cumbre de París en diciembre pasado. En este sentido, en el marco del fomento de las energías renovables y la preservación de nuestros sumideros de carbono (bosques y ecosistemas ricos en carbono incluidos en áreas protegidas) estamos trabajando en múltiples direcciones. En materia de mitigación, hemos iniciado una revisión de la contribución nacional (INDC) elaborada durante el gobierno anterior, en función de las nuevas condiciones locales. También debemos considerar la evolución de las condiciones globales, que sin duda permitirán aprovechar nuevas oportunidades en la Argentina.

Aspiramos a plantearnos y alcanzar metas ambiciosas pero razonables en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

La Argentina enfrenta grandes desafíos de adaptación al cambio climático, incluyendo impactos sobre la productividad agrícola (fuente principal de exportaciones para nuestro país), aumentos del nivel del mar en zonas costeras y de eventos extremos (inundaciones en algunas regiones y sequías en otras) y la extensión de algunas enfermedades tropicales. Por este motivo, definiremos prioridades y posibilidades en función de nuestra estructura económica y social, de nuestras ventajas comparativas y nuestras oportunidades de financiamiento y acceso a tecnologías más limpias.

Sobre la base de las iniciativas mencionadas, los planes serán generados a partir del diálogo y el trabajo en el equipo interministerial. Para ello, el presidente Mauricio Macri creó el gabinete de cambio climático, que contribuirá a identificar sinergias en esta materia. La implementación de proyectos en mitigación y adaptación requerirá importantes inversiones en infraestructura, como también la adopción de tecnologías limpias. El reingreso del país a los mercados internacionales de capitales abrirá el camino a nuevo financiamiento con costos menores que las tasas de interés pagadas en los últimos años. En igual sentido, tenemos como objetivo participar activamente del financiamiento internacional de iniciativas climáticas -como el Fondo Verde del Clima- y explorar las múltiples áreas de cooperación bilateral y multilateral.

Hemos vuelto al mundo, también, en materia ambiental. Esperamos que la determinación y el diálogo entre las naciones permitan definir metas y medios favorables a un sendero de desarrollo sustentable por el bien de las futuras generaciones.